lunes, 24 de agosto de 2009

Protagonismo del espejo


Cuando lo descubrí
dejé de revolcarme en la hierba
no manché más el uniforme en la merienda
sus ojos seguían mi infantil carrera.
Desde que alguien te mira
reparas en ti misma
te reconoces existente, única, necesaria
de pequeña personas transitas la partícula cósmica.
Mientras el espejo se vuelve consulta indispensable.
Así llegas las noticias primeras de tu ser
comienzan los sucesivos naufragios
pero siempre que vuelven a mirarte
retorna el protagonismo del espejo
el asombro de identidad en el espacio.

viernes, 7 de agosto de 2009

Las dudas del fuego(fragmento)



Epístola I


Querida Bárbara, Regla Caridad
de las Mercedes Lazara Sol
Atocha



No estoy segura de haber puesto en el orden correcto tu peculiar nombradía. Sabes que no sé hacer nada correctamente y nunca he podido aprenderme toda esa cantidad de talismanes conque tu madre quiso protegerte antes de morir, reuniendo en ti la cantidad de hijas que hubiera querido tener, y que de hecho tuvo, porque siempre he estado segura de que tú eres cinco mujeres en una, que presentas según las circunstancias o escondes según las conveniencias. Por eso es tan difícil entenderte y tan divertido cuando una conoce el secreto. No sé cual de las tú estaba de guardia el día en que pasaste por la casa de Ina o si por casualidad fue el coro de las cinco, pero lo cierto es que la dejaste tan impresionada que desafiando la literal ausencia de transporte, en este agosto sin calificativos del año II del Período Especial, se apareció a mi casa en Alamar muerta del susto luego de la rara experiencia de estar a punto de perder su recóndita virginidad a manos de un camionero que le dio botella a la salida del túnel cuando empezaba a oscurecer. Figúrate. Tu' pasaste al mediodía. Yéndote tù, empezó a buscar una semilla de mango o de aguacate para sembrarla en el jardín, lo cual por supuesto, hizo sospechar a los vecinos, porque la Tormenta del siglo acabó con los mangos y hasta los aguacates se niegan a parir este agosto. De donde coño alguien va a sacar una semilla al mediodía en pleno Vedado? Ella, que es tan pacifica y tan cuerda, parece estar embrujada; y tiene que estarlo para que después de la búsqueda inútil de la semilla, se haya emparrillado en una bicicleta hasta Coppelia, al no encontrar otro medio de transporte, caminara todo Malecón hasta el Túnel, allí convenciera al bicibus que la pasara con los ciclistas y aceptara después subirse a un camión, a pesar de que el camionero iba solo y ella le notó cara de pervertido o de borracho. Por poco me muero de la risa mientras me lo contaba. Pues el hombre empezó a sacarle conversación y ella cometió el error de rectificarlo cuando él le dijo señora. Sacó a relucir su escudo de señorita con canas y ahí mismo el tipo comenzó a desaforarse. Se abrió la portañuela y sacó, como diría nuestro amigo Efigenio, el biancamo enhiesto y mientras con una mano sostenía el timón, con otra tiro de la cabeza de la pobre Ina para, según ella, le pasara la lengua por eso, la cosa esa. Ina cuenta que empezó a gritar y atinó a empujar el timón. Por poco se vuelcan y del susto, el hombre se tranquilizo y entonces empezó a rogarle y a pedirle perdón y ¿a que no te imaginas que le propuso ? CASARSE. Sí, casarse, porque el tipo anda buscando una virgen desde un montón de años. Le dijo a Ina que nunca le había roto... bueno él dijo seguro una palabrota, pero Ina la tradujo a chocho. Dice ella que es un hombre mayor, como de su edad, pero, como nunca hemos podido saber la edad de Ina... Pero fíjate qué cosa más curiosa, la trajo hasta aquí. Yo se lo tiré todo a broma y le dije que a lo mejor era su gran oportunidad. Ella dijo horrores del tipo, pero puedo imaginar la influencia de lo que le dijiste porque habló con él del cóctel de frutas ese que tu le mencionaste, y él le prometió traerle semillas de todos los tipos porque tiene una casa con patio en San Miguel del Padrón, con muchos árboles frutales. Lo único que me falta es que sea vecino de mi madre y la vieja Arcida sirva de celestina para el inusitado romance. ¿ Qué tù crees? Por supuesto que me reí a mares con toda esa historia de Ina, pero cuando ella formó el lío del núcleo del Partido y las frutas esas de las que tu le hablaste, no entendí absolutamente nada. Como no sea que el núcleo del Partido de ustedes haya decidido sembrar frutales, lo cual me parece muy beneficioso para el 2000, que es cuando, sembrando todo eso ahora, dará resultado. Pero, ¿qué nueva historia es esa? Pensé que después de haberte mudado para Santa Fe, todos los tornillos de tu cabeza habían retornado a su sitio, pero dice Ina que estas como enloquecida, haciendo profecías frutales o algo así. Me sentí tan motivada por el asunto que decidí escribirte, contando conque eso será un método posible de comunicación, ahora que mi teléfono no quiere comunicar y no pienso moverme de aquí hasta que los vientos de septiembre me empujen hacia el Vedado nuevamente, y de allí pueda conseguir botella hasta Santa Fé. Mira que dejar tan buen apartamento en el Vedado para ir a vivir a Santa Fé cuando no hay guaguas, ni taxis, ni gasolina y no se puede traer ni un caballo porque te lo desguazan y se lo comen. Y con la bicicleta ya no puedo. ¡Qué ocurrencias las tuyas! Dejaste la casona del Cerro por un apartamento porque era un crimen seguir viviendo como los burgueses cuando tanta gente no tenía casa. Sólo a ti se te ocurre dejar una casa como aquella para permutarla por dos y darle una al extremista de mierda ese, que después de ser el extraterrestre encontrado se enredo con la imbécil aquella. Y tu de santa comemierda permutaste porque la muy puta estaba embarazada. Debió morirse en Angola el muy cabròn. Pero regresó hecho una etcétera, aunque ya parece un Rambo de nuevo. Lo vi y está solo. La mujer lo dejó por otro. No sé ni porqué te lo digo. Eres muy capaz de salir a buscarlo. Fonseca está de viaje. Tan pronto llegue iremos a verte. Es mi única posibilidad de salir del destierro alamareño en que me sume este agosto. No te preocupes, ni renuncié al trabajo, ni pedí licencia. Estoy de legítimas vacaciones. De pronto he completado el set. ¿No estarás preparando una nueva novela? Esas rachas de locura tuya tienen que ver con la escribidera y sé que tu también pediste vacaciones. A juzgar por lo que le dijiste a Ina, que tanto la preocupó, será una novela ecológica. ¿Y donde coño la vas a publicar? Ya aquí no hay papel, ni nada y no se te vaya a ocurrir una novela sobre la defensa de la lagartija y las matas, y esa bobería, porque ahorita empiezan las recetas de lagartija con verdolaga y te van a linchar. No te quería decir nada pero he comenzado a pintar de nuevo. Pero ¡Oh! misterio. Me salen mares y más mares en el lienzo. ¿Que cómo conseguí lienzo? Lo compré en la bolsa negra. Te quiero aunque esté convencida de que tu locura no curará.

Elsie.

sábado, 25 de julio de 2009

Fragmento


El arte me pareció entonces un don que daba alguien। La naturaleza। La energía cósmica। Dios. Un don no necesariamente comprometido con la esencial espiritualidad de sus poseedores. Un poeta fabuloso podía ser un fabuloso hijo de puta. El creador de una gran sinfonía podía ser un gran sádico. El que escribía fascinantes novelas sobre los héroes podía ser un cobarde en su vida. Me lo habìa estado sospechando desde que supe que el pobre Balzac vivió toda su vida desgarrado y frustrado porque quería ser un miembro real de la nobleza cuyos vicios reflejó como nadie en la Francia del XIX. El genio artístico no liberó al infeliz Beethoven de aquel proceso miserable de separar a su sobrino de la madre y adoptarlo a toda costa sòlo para buscarse el odio del muchacho. Ni impidió que el desgraciado Oscar Wilde se dejara manipular por las frescas carnes de un jovenzuelo banal por el cual fue a la cárcel y destruyó su vida. Ni evitó la desdicha de Isadora Duncan. Ni distanciaba al talentoso Pancho Miguel de la fiebre del dinero, de la obsesión de poseer, de la vieja fórmula vigente del tener como símbolo del poder sobre no se sabe què, porque al final nadie es dueño de nada, ni de su vida que puede ser arrebatada cuando el azar, el hado, el destino, lo que fuere, decidiera. Todo estaba convertido en una puñetera mercancía y todos arrebatados en el fundamentalismo del maldito dinero que establecía los canones estéticos, los espirituales y hasta la libertad, porque con dinero todo estaba permitido o al menos se minimizaba la angustia de la sobrevivencia cotidiana. El arte también parecía formar parte del mismo juego que yo no entendía, que no sabía jugar y amenazaba con liquidarme.¿ Quién coño habìa inventado aquella fábula de que el arte convertía en mejores a los seres humanos? Esa era una de las tantas mentiras que se empeñan en trasmitirte como consuelo. La obra de arte puede trascender las limitaciones humanas del creador, pero el artista se considera un elegido, un intocable, un gurù con derecho a cuestionar todo lo que le rodea y no ser cuestionado en nombre de la sacrosanta libertad de hacer lo que le venga en gana, hay excepciones por supuesto. Existen extraños casos donde talento, sensibilidad e inteligencia consiguen verdaderos prodigios, pero el arte es sobre todo la gran catarsis de individualidades muy aguzadas que tienen el don de poner en el lienzo, la cuartilla, las imágenes las taras, los traumas, las angustias que les atenazan. Y alcanzan alguna función social sòlo por coincidencia o circunstancias. ¿Què le importaba a Pancho Miguel que la isla se fuera a pique? Su fama, su gloria, su dinero eran màs importante que el destino de la humanidad, incluso el amor, el presunto amor por mi nada significaba, ni el sismo que su pragmática decisión ocasionaba en mi.
¡Pobre Sócrates! Convencido de que el conocimiento es la virtud. Bueno, la ignorancia es peor, pero que la gente fuera ilustrada, que acumularan saberes no era suficiente para que fueran nobles, generosas, desprendidas. ¿Esas características serían también dones que Dios, la energía cósmica, la naturaleza daban sòlo a algunos terrícolas?

martes, 14 de julio de 2009

Los pervertidos oficios



La fuente de mayores desentendimiento entre los seres humanos es, a mi modo de ver, las desigualdades que se fueron estableciendo en los distintos estadios de la construcción de lo que llamamos civilización, condicionantes de la creencia de que unos son superiores a otros por distintas razones, mayoritariamente relacionadas con el poder, pero basadas en la incapacidad de apreciar y respetar las diferencias.
La Revolución Cubana decretó desde sus días inaugurales la abolición de las desigualdades, las sustentó legalmente y ofreció posibilidades igualitarias para todos los ciudadanos y quizás creyó que con eso serìa suficiente para eliminar en un país con fuertes antecedentes esclavistas esa expresión de incultura que es el racismo.
Lamentablemente los prejuicios, de cualquier tipo, no desaparecen solos, y emergen con fuerza tan pronto se presentan oportunidades propicias. Mucho antes de la crisis de los 90, cuando la sociedad se proponía liberarse de “errores y tendencias negativas” a partir de la primera gran crisis social del socialismo cubano que inauguró la década del 80,- con el sorpresivo éxodo masivo a partir de los sucesos de la Embajada de Perú y la apertura del puerto del Mariel- comenzaron a manifestarse inquietudes sobre las manifestaciones del racismo en Cuba.
Un joven negro escribió a mi sección Por el ojo de la aguja en el Periódico Juventud Rebelde haciendo notar que èl veía expresiones de racismo en la sociedad, encubiertas unas, inconscientes otras y groseras algunas. Se refirió a chistes, bromas, a la imagen que se daba del negro en la televisión, a la falta de su presencia en podios y tribunas. Tan pronto se publicó ese mensaje, muchos presuntos blancos del propio diario comentaron airados: pero que màs quieren los negros, nunca tuvieron las oportunidades que tiene ahora y repetían un chiste relativo a las alas que se les habìa dado.
Inmediatamente también hubo una reacción de las autoridades màs altas del país señalando que hacer público ese tipo de asunto no ayudaba a la Revolución cuando, además, se habían establecido las famosas cuotas de negros y mujeres para integrar distintas esferas de dirección porque efectivamente, veinte años después del triunfo revolucionario los hombres blancos continuaban siendo los lideres de la sociedad en las estructuras de dirección a cualquier nivel.
El tema llegò al entonces polémico y muy difundido Evento teórico del Caracol de la UNEAC en el cual se puso en evidencia que se continuaba reproduciendo la imagen tradicional del negro esclavo, el negrito pillo del bufo, el de lenguaje marginal, el del solar, pero nada se hacía en la construcción de una imagen que contribuyera a contradecir los prejuicios raciales.
En realidad no se habìa atendido de manera sistémica el asunto, tampoco los libros escolares, los libros de historia en las distintas escalas de la enseñanza ponían ningún acento en mostrar el rol de los negros y las mujeres en el largo y complejo proceso de formador de la nación cubana, en la cultura nacional, salvo con la mención a figuras aisladas y los programas escolares, desoyendo los principios pedagógicos martianos, continúo con el énfasis en lo que llaman historia y literatura universales, circunscripta a Europa, sin darle el lugar que merecen las de África y América, al punto de que hasta hoy habría que ver que saben nuestros educandos de esas fuentes culturales, incluso de culturas vivas tan próximas geográficamente como las caribeñas.
El pueblo màs feliz es el que tenga mejor educado a sus hijos en la instrucción del pensamiento y la dirección de los sentimientos, sentenció José Martì, al que mucho se menciona pero cuyo ideario profundo de mejoramiento humano no se aplica con la intensidad que se debiera. Y justo la falta de educación en los sentimientos es uno de los problemas que ha contribuido a la crisis de valores que padece la sociedad cubana, a la ausencia de ética y como parte de ese contexto a que emerjan los efectos nefastos de los prejuicios raciales. Otros pondrán el acento en la situación económica como causa fundamental y sin duda, esa es una condicionante insoslayable pero quiero apuntar que antes de la crisis de los 90, en la bonanza de los 80 se estaban manifestando problemas que la crisis catalizò.
Si desde las màs tempranas edades en la casa y en la escuela no se estimulan los mejores sentimientos de los seres humanos, estos no aparecen por obra y gracia del espíritu santo, si desde niños no nos enseñan a apreciar y respetar las diferencias aparentes porque en realidad la especie es la misma, si de un tema como el racial no se habla, se ignora como si no existiera, si no se acude conscientemente a llamar la atención sobre los prejuicios existentes y se les enfrenta con elementos científicos, si en los medios masivos no se complementa esa intención educativa con inteligencia, lo cual equivale al equilibrio de lo racional y lo emocional, entonces antes cualesquiera circunstancias los prejuicios se potencian aunque las mejores intenciones hayan sido establecidas por decreto.
En la sociedad cubana de los últimos 50 años se ha priorizado la instrucción, todos los saberes humanos a disposición de todos, pero de poco sirve ese conocimiento para desarrollar el tipo de convivencia social que proponemos si no està cimentado en profundas sentimientos de humanidad que son los que pueden construir una espiritualidad propiciadora del bienestar al que todos aspiran y muchos sòlo sitúan en el consumo exagerado de los bienes materiales y en el culto a poseerlos.
Esta es por supuesto, únicamente una arista del problema, pero que desde mi punto de vista demuestra una cierta ingenuidad en el tratamiento de cómo han de conducirse los cambios sociales para que sean de raíz y permanezcan. Educar para que los ciudadanos y ciudadanas tengan los elementos con los que pueden enfrentar por si mismos los prejuicios raciales, no los erradicará quizás, pero al menos evitara la ignorancia que prima en muchos para sostenerlos tanto entre los blancos como entre los negros.
Los prejuicios raciales, los de género, los de religión, los relativos a la sexualidad no han sido eliminados en ninguna de las formas de organización social de los terrícolas, ni en las presuntas sociedades desarrolladas, ni en las màs pobres. Ello es índice de lo complejo del problema, pero en algunos países se han establecido leyes que regulen el comportamiento de los ciudadanos respecto a esos temas, que propicien la multiracialidad, la multiculturalidad, en la enseñanza, en los medios masivas de difusión y si no se resuelve el conflicto por lo menos constituyen un freno, una barrera a las peores expresiones de discriminación y van fomentando también una cultura de la diversidad.
A pesar del reconocimiento de los aspectos no previstos para concretar nuestras aspiraciones de erradicar los prejuicios raciales por el propio Fidel en aquel memorable Congreso de la UNEAC, màs de una década después no se visibiliza una estrategia, un plan de acción encaminado a enfrentar abierta y transparentemente ese problema. Y hay derecho a preguntarse por què, si desde los años 80 sabemos que el problema existe. Una respuesta posible es que quienes tiene el poder para asumir el tema en las obras artísticas, guionistas, realizadores televisivos, radiales, cinematográficos, propagandísticos, los conformadores de programa de estudios escolares padecen de racismo inconsciente en el mejor de los casos y en el peor no se han percatado de que es uno de los temas fundamentales de la cultura nacional, de la unidad nacional, de la nación, de la patria y no por gusto los enemigos de la Revolución cubana han encontrado un asidero en ese aspecto.
Con otros factores de la discriminación, de los prejuicios, se aprecian estrategias y planes de acción. Temas tabúes como la violencia doméstica contra la mujer, los derechos a la diversidad sexual, el uso de las drogas, el SIDA, el alcoholismo tienen una mayor atención en la sociedad. Se han creado mecanismos para asumirlos y contribuir al cambio de mentalidad. Existe un centro de estudio de la mujer, cátedras de la mujer en los barrios. Hay un centro de estudio sobre las cuestiones sexuales, una línea de ayuda para los drogadictos. Sobre todos esos temas aparecen propagandas, publicidad, obras en la televisión, la radio y otros medios.
A nadie se le ocurrió que habría que esperar a solucionar los problemas económicos y los de la vida material que generan para enfrentar esas cuestionen que dañan el tejido social, entonces para tratar los prejuicios raciales tampoco se puede esperar, como tampoco deberíamos esperar para enfrentar esas otras formas de discriminación que van apareciendo según el poder adquisitivo, las posibilidades de tenencia de bienes, esa vieja mirada por encima del hombro aquel que es màs humilde, que vive en condiciones màs precaria, que realiza una labor menos atractiva según los patrones del éxito y el consumismo de cierto sector poblacional que recuerda en sus aptitudes lo peor de la antigua clase dominante y donde por supuesto la expresiones de racismo son notables y este sector emergente de nuevos ricos no sòlo està compuesto de trabajadores por cuenta propia, sino de funcionarios que juegan a imitar los viejos códigos acuñados por la glorificación del tener y no por la importancia de ser.
Parecería un idealismo hablar de valores, de espiritualidad cuando las condiciones económicas y materiales imponen las leyes de la supervivencia para amplios sectores poblacionales, entre los cuales los negros son posiblemente mayoritarios, porque no es suficiente que a dos situaciones desiguales le den las mismas posibilidades, la de mayor desventaja, tendrá menos condiciones para aprovecharla y eso ha ocurrido con los negros que también sufren de los efectos de inseguridad, de la falta de autoestima, de los estereotipos de todos los discriminados.
Se supone que a mejores condiciones de la vida material hay ambiente màs propicio para el fomento de los valores espirituales, pero no olvidemos que en países de mayor desarrollo económico hay altos índices de violencia contra la mujer, hay racismo, hay conflictos religiosos, lo cual indica que tampoco la bonanza material por si sola hace mejores a los seres humanos.
No encontraremos recetas o fórmulas mágicas para solucionar problemas tan complejos, pero podemos hacer mucho, con los recursos que tenemos, desde los programas escolares hasta los medios masivos. Pongamos en acción la sabiduría popular de no dejar para mañana lo que podemos hacer hoy y aquello de que la gente hablando se entiende como antídoto posible a los pervertidos oficios de la superioridad fabricada por la injusticia..

lunes, 15 de junio de 2009

Los amantes culpables


Ocurre con los niños y niñas, como con el amor, todos consideran que son los asuntos màs importantes de la vida pero pocos le dedican la atención que merecen. Lo que es valioso para nuestras vidas debe tener una prioridad que ni el amor, ni los niños y niñas, ni las obras artísticas que se les dedican, y por supuesto la literatura que le està destinada, tienen en un mundo donde el culto a la materialidad, a la tenencia tiene màs adeptos que devotos la espiritualidad, el ser como suceso verdaderamente esencial.
Desde mi punto de vista esa es parte de la enajenación del mundo en que vivimos, tiranizados unos por las exigencias de la pura sobrevivencia y otros por el consumismo que obliga a emplear tiempo, malgastar aspiraciones y consumir, valga la redundancia, una parte importante de la existencia que podría ser ocupada en cultivar la sensibilidad para disfrutar la vida con menos costo y màs satisfacciones.
Las niñas y los niños son los que màs sufren los problemas y conflictos del mundo, cualesquiera que sean sus condiciones sociales y económicas, porque dependen de los adultos como mediadores en su aprendizaje y apreciación de la vida, de sus gustos estéticos, de toda los elementos formativos para el ser humano adulto que van a ser.
En la época por excelencia de los medios audiovisuales, muchos niñas y niñas antes de aprender a leer y escribir pasan largos períodos delante del televisor, incluso muchos analfabetos adultos del planeta disfrutan de la posibilidad de informarse o recrearse gracias a esa posibilidad, lo cual por un costado tiene sus ventajas, pero por otro minimiza el interés por la lectura hasta por cuestiones prácticas, pues madres y padres han encontrado en el televisor una forma de mantener a los pequeños y pequeñas entretenidos mientras ellos realizan otras labores. Leerles a los niños los libros antes de que aprendan a leer equivale a ocupar un tiempo del cual creen no disponer en la arrolladora dinámica de la vida contemporánea.
A pesar de que el desarrollo de la ciencias basadas en la psicología y diversas teorías pedagógicas han estudiado y establecido que las niñas y los niños son capaces de aprender y percibir muchos elementos de su entorno desde las màs tempranas edades, persiste esa frase “cosas de niños” para indicar nimiedades, boberías, cuestiones sin importancia y esa frase engloba una filosofía inconsciente muchas veces que incluye a la literatura que se escribe para ellos y es quizás el punto de partida de esa subestimación que los autores han sentido históricamente.
Incluso, Hans Christian Andersen, considerado el padre de la literatura infantil, aspiró siempre a ser reconocido como autor teatral y poeta y sufrió por no conseguirlo como deseaba a pesar de que sus historias para niños le granjearon pronto las simpatías generales y transcendió por ellas. No pocos escritores para niños sufren del mismo síndrome y se siente víctimas de la subestimación de los propios colegas que “escriben para adultos”, de la crítica que no suele ocuparse de sus obras y de los medios masivos que no las publicitan a la misma escala que a las otras obras aunque en las Ferias internacionales, los pabellones infantiles sean los màs visitados y los adultos cumplan el ritual de comprar los libros para los màs chicos.
Los imperativos de una época
Organizaciones internacionales como la UNICEF y la UNESCO han convocado a los gobiernos a proteger las producciones de obras para niños y jóvenes, a promover planes nacionales de lectura. A pesar de esas buenas intenciones no se puede olvidar cuantos millones de niños en el planeta no tiene posibilidades de ir a la escuela, ni sus abuelos, ni sus padres saben siquiera leer y escribir. Pero según informaciones existentes los niños, en los sitios con condiciones para ello, han sucumbido a la proliferación del audiovisual cuyos productos se han abaratado para poder ser comerciales en todo el orbe y llegar incluso a los lugares màs empobrecidos. Las películas de antaño, los muñequitos o animados comienzan a ser relegados por los videojuegos, y las búsquedas en INTERNET, donde hay juegos en línea, música, y todo tipo de información beneficiosa o dañina.
Así las cosas, si en tiempos donde el libro lideraba la posibilidad de conocimiento y entretenimiento la literatura para niños y niñas era subestimada, con el surgimiento del cine, la televisión y todas las nuevas tecnologías posteriores, hay derecho a suponer que esa literatura tendrá que enfrentar nuevos desafíos a partir del hecho cierto de que los lectores potenciales estarán seducidos por los elementos consustanciales a su época. Es absurdo intentar frenar el desarrollo en cualquier campo o desconocerlo, pero serìa sabio usarlo de la forma màs edificante para las nuevas generaciones para lo cual comienzan a aparecer regulaciones y leyes nacionales las cuales carecen de sentido si padres, maestros, bibliotecarias y escritores no forman parte del propósito.
La historia de la civilización humana ha estado signada por la violencia, el desentendimiento, contradicciones y conflictos, intolerancia, fenómenos ante los cuales el espíritu humanista intentó contraponer una cadena de valores con el propósito de hacer prevalecer los sentimientos que propiciaran otra manera de vivir màs satisfactoria, es decir que en todos los periodos los terrícolas tuvieron que enfrentar los imperativos de su tiempo que generaron, religiones, ideologías, filosofías que servían de refugios y asideros, pero lo peculiar del Siglo XX es la conjugación de la caída de todos los iconos, desde el temor a Dios a la quiebra del culto de la justicia social, con un delirante desarrollo tecnológico, que incluyó la velocidad para transportarse, el predominio de nuevas técnicas en la vida cotidiana desde el modo de cocinar los alimentos a la posibilidad de integrar una red que permite comunicar con cualquier parte del mundo, y la proliferación de armas que pueden destruir el planeta en unos segundos.
Las niñas y los niños de nuestros días saben de todas esas cosas, entre otras razones porque las fronteras establecidas sobre lo que era apropiado o no para ellos han ido desapareciendo. Conviven con los problemas de los adultos, quienes desde mi punto de vista, tienen menos recato para involucrarlos en sus conflictos, estrés, y se toman menos tiempos en protegerlos de las durezas de la vida pero no con el sentido didáctico que fuera deseable sino en medio del atropellamiento de sucesos y presiones de la vida cotidiana, donde, incluso un buena parte de los padres y las madres, ni siquiera tienen la madurez suficiente para cumplir sus roles de mediadores entre las agresiones externas y el cultivo de ciertos valores para resistirlas.
El màs somero análisis sobre la realidad en que nacen y crecen nuestros niños no ofrece resultados muy esperanzadores, pero ese panorama justo implica uno de los desafíos notables para la escritura dedicada a ellos y luego para hacerlas llegar mediante la lectura que no sòlo es una fuente de conocimiento sino, según se ha demostrado científicamente, un ejercicio valioso para el desarrollo de ciertas capacidades cerebrales.
Si como se dice popularmente la familia es algo que no se escoge, que està predestinado, las fragmentaciones que ese elemento pueda haber, deben tener una compensación en los sistemas educacionales y difusivos que deben implicar como exigencia social a los padres, y al mismo tiempo contribuir a que tenga herramientas pedagógicas para ayudar a sus hijos.
La tarea es compleja, mucho màs difícil que los famosos Doce trabajos de Hércules, pero no imposible, porque a pesar de todas las catástrofes anunciada prevalece la lucidez de comprender la importancia de educar a las mujeres y los hombres del mañana. Hoy contamos con instrumentos legales para la protección de los derechos de las niñas y los niños, con mayores posibilidades técnicas para el aprendizaje, pero, desde mi punto de vista el acento mayor està en instruir, en dotar a la razón de màs y màs herramientas, pero no se trabaja suficiente en la educación de los sentimientos.
José Martì, el cubano que entendió mejor la complejidad de la existencia, los diversos factores que han de conjugarse para lograr lo que acuñó como mejoramiento humano sentenció: El pueblo màs feliz es el que tenga mejor educado a sus hijos en la instrucción del pensamiento y la dirección de los sentimientos. Creo que aun en países como Cuba, donde los niños gozan de los mayores privilegios, incluso antes de nacer, no se ha tomado suficientemente en cuenta esa máxima martiana quizás porque ingenuamente se ha apelado a aquella expresión socrática de que el conocimiento es la virtud, sòlo si se sabe se puede divisar el bien, pero para divisar el bien no basta saber mucho de Matemáticas, de átomos, de computación, hay que trabajar sobre los sentimientos, otro asunto que no se toma con suficiente rigor porque parece perteneciente a la vida privada, a la màs remota intimidad, a lo màs individual como si en ese sistema del cual todos formamos parte todo lo íntimo, lo publico, lo interno, lo externo, lo individual y lo social, no estuvieran relacionados igual que lo estamos a las explosiones solares, los cambios de la luna y todo lo que ocurre en el universo.
Darle la importancia que merece la educación de los sentimientos contribuiría sin dudas a tener padres y madres mejores preparados para la crianza de sus hijos, porque desde el hogar comienzan los adultos a trasladar sus esquemas a los niños, a crearles concepciones de la vida según sus conductas, a alejarlos o acercarlos a la naturaleza, al disfrute de los valores espirituales o a condicionarlos para ser hacer depender su felicidad de la tenencia de cosas muchas veces superfluas con las cuales intentan sustituir el tiempo de cariño, amor, contacto que deberían dispensarles.
Justo la literatura para niños se inserta históricamente en ese interés de lo que Martì llamaba la dirección de los sentimientos. Y hablo de ese breve periodo en que se es niño o niña, no adolescentes y jóvenes que implican otras categorías vitales y literarias. Es muy interesante como los cuentos y leyendas tradicionales, las fábulas, siempre mostraron conflictos y a la vez valores para enfrentarlos tras la apariencia de su sencillez. Por eso me parece muy importante en cualquier latitud del planeta el vínculo entre los escritores y escritoras y sus lectores potenciales, la presencia de sus obras en los libros escolares, en las bibliotecas, como parte de la promoción justificada a esas labor valiosa de contribuir a la construcción de una manera de mirar la vida, los problemas de la existencia y revivir la antaña esperanza de que el camino de las soluciones pasa por el amor, la comprensión, la solidaridad.
Estoy segura que cuando José Martì proclamaba “ hay que conocer las fuerzas del mundo para ponerlas a trabajar” tenìa plena conciencia de todos los obstáculos existentes en su época, pero también sabía, según sus propias palabras que hay màs flores que serpientes por eso a pesar de las condiciones duras de cada época se ha hecho mayor la comprensión de la diversidad de elementos que han de conjugarse en la educación, se ha avanzado en el reconocimiento de la diversidad como factor cultural decisorio y por eso también a pesar de las nuevas tecnologías el libro no ha desaparecido.
Es el tiempo que le dedicas a tu rosa lo que la hace diferente, importante, única, sentenciaba El pequeño príncipe de St Exupéry. Es una lección que debemos aprender los terrícolas, porque esa es de las fuerzas que es imprescindible poner a trabajar para que los niños y niñas, y los libros tengan el sitio que merecen.

miércoles, 3 de junio de 2009

El miedo de la jutía



-Flaquito no seas jutía,- conminaba la abuela Zoila al minúsculo perro de Hada con H cuando comenzaba a temblar debajo de la cama al llamarlo con tono fuerte. Y cuando Alba, la mamá de Hada con H y Plutón, su papá, manifestaban temor ante algún problema. La abuela volvía a la carga.
-No, no, no. No pueden hacer como la jutía conga. Pónganse las pilas y salten, no se atortujen, no se paralicen.
Hada con H nunca habìa visto una jutía. No habìa jutías en el Parque Almendares que era el bosque conocido desde los primeros años de su vida. Cuando el papá anunciaba entusiasta, con mochila a la espalda y todo: ¡ vamos al campo ¡. Subían la cuesta hasta el puente sobre el Almendares, lo atravesaban, bajaban por el otro extremo y a recorrer todo aquel pedazo de monte a la orilla del río en medio de la ciudad.
La abuela Zoila decía que era una verdadera dicha tener el monte tan cerca. Gracias a la proximidad del bosque ella habìa podido adaptarse a la capital, aunque fuera frente a ese barrio llamado El fanguito porque estaba en las márgenes del río y cuando el río crecía se inundaba. Una calle asfaltada delimitaba las condiciones. A un lado las casitas del Fanguito, tomándole espacio al lecho del río, y del otro, casas y edificios en la ladera que terminaba en el mar, otra de las excursiones para ver como se entraba el río en las aguas azules y saladas.
Una mañana de domingo en que Hada con H se columpiaba en la zona del Parque Infantil, jugando a acercarse al copito de los árboles mientras su papá tirado en la hierba, como siempre, miraba el cielo, justo cuando a Hada con H le parecía que iba a encontrarse con los ojos ocultos de un algarrobo, descubrió unos ojillos que saltaban de rama en rama, eran tan pequeños que no podían ser del algarrobo. Entonces no volvió a impulsare en el columpio y despacito, casi arrastrándose, se fue acercando al tronco del árbol, se tumbó sobre sus raíces para mirar bien en el interior de las ramas y ¡Oh, sorpresa¡
Paradita sobre sus patas traseras, sosteniendo algo que comía con las minúsculas patas delanteras, estaba una ardilla rojiza con su hermosa cola peluda acomodada en una gruesa rama. Se quedò sin aliento, como siempre que algo la sorprendía. Pero si la maestra habìa dicho que ese tipo de roedores no existía en la fauna del país. ¿Serìa una rata a la que el hada Volandera habìa transformado en ardilla? O, ¿una jutía conga con cola peluda?
Tendría que aclarar aquel misterio, pero en ese momento estaba hechizada por aquella criatura. El hechizo fue roto por una piedra de un desalmado que apuntó a la ardilla para furor de Hada con H que se levantó rápida, pero mucho menos que la ardilla que de salto en salto, de árbol en árbol desapareció entre el follaje de los árboles cercanos.
¿Cómo era posible que alguien hiciera algo tan cruel a aquella belleza mínima y perfecta?
-¿Quién ha tirado esa piedra?- y como no hubo respuesta, molesta Hada con H exclamó: el que haya sido es una jutía, y aclaró para màs detalles: conga.
Su padre, que al escucharla, abandonó la hierba con presteza, comenzó a reír al ver su hija tan airada, como era de tan poca estatura parecía una muñequita a la que le hubiera dado cuerda.
-Pero vamos a ver, Haducha, si tú no sabes por què se le dice jutìa a los cobardes. Y no se debe usar una palabra hasta no saber que significa.
-Bueno, papá si a los cobardes o los que tiene miedo se les acusa de jutías deber ser porque así son las jutías.
-No, no, pero eso tiene una razón muy específica en el caso de la jutìa conga,- aclaró el papá que como científico le gustaban las precisiones.
- El asunto es mi querida Haducha, que la graciosa jutìa conga se aterroriza tanto cuando siente un majà, que se atolondra a tal punto que cae de la rama del árbol donde esté, como es lógico se golpea y el majà aprovecha y la se la engulle facilito.
Hada con H se sintió muy triste con esta historia de la jutìa conga. Pero se le ocurrió una idea.
-¿Papá, pero la jutìa conga se puede domesticar?
-Si, claro, es una animalito inofensivo.
-Entonces, a lo mejor podemos crear un club de entrenamiento para que la jutìa conga pueda salvarse del majà.
-¡Què ocurrencias las tuyas Haducha¡,- rió el padre sin sospechar lo pronto que entraría en acción el plan de Hada con H de quitarle a la jutìa conga la fama de cobarde.

martes, 19 de mayo de 2009

El laberinto de la utopía



(Fragmento)

Mientras las florecillas moradas del no me olvides desaparecían bajo las paletadas de tierra, Flores del Río Manso pensó que su padre, como tantos hombres, comprendió la necesidad del cambio exterior, pero no el suyo màs profundo a pesar de tan larga existencia. Había hecho un largo y fatigante viaje desde la capital hasta el cementerio de Florida para cumplir con su ùltimo deseo de podrirse, esa fue su expresión, en aquella tierra donde amó a la única mujer que no lo quiso y se dejó amar por otras que se escaparon en el suicidio del tormento de no ser apreciadas.
El cementerio de Florida se mantenía mejor que la ciudad, pero sin cambios, desde aquella vez, distante cuarenta años, cuando su madre había rendido lo que llamaban el ùltimo viaje, a causa pensaba Flores, de los sufrimientos ocasionados por el disfrute exagerado de aquel triunfo del que su padre era personaje principal en el pueblo. Una gran diferencia dejaba una huella triste en el tiempo transcurrido. Cuarenta años atrás vino acompañada por cientos de personas y ahora apenas pudieron venir algunas decenas en los coches de caballo que tuvo que alquilar para los viejos parientes que conservaban la costumbre de despedir a los que partían definitivamente.
Hasta la muerte fue perdiendo el antaño esplendor del misterio. Las breves horas en la funeraria de Calzada y K fueron màs tristes sin cirios que iluminaran el local, ni azucenas que perfumaran aquel tránsito difícil, ni amigos que no llamó porque no podía despertar un sábado a medianoche a personas para las cuales serìa un problema trasladarse hasta allí por la virtual falta de transporte. No avisò a las autoridades, ni en la capital, ni en Florida para ahorrase una ceremonia que la entristecería màs porque ocultaría seguramente los avatares de aquel héroe venido a menos que no contó en vida con posibilidades de rectificación, ni de verdadero apoyo. Eso fue lo que màs le dolió, cuando después de largos años de espera, el olvido fue cubriendo las esperanzas del recomienzo y se percató de que en aquel carrusel incansable que era la existencia en la isla el que se saliera alguna vez del vértigo quedaba para siempre excluido.