domingo, 17 de enero de 2010

Levantar ancla con las velas desplegadas





El socialismo cubano ha demostrado que se puede hacer mucho con poco para el bien común cuando existe la voluntad política para hacerlo. Sus conquistas sociales mantenidas con alto costo económico, aún en los peores momentos de la crisis, son una base importante, material y moralmente, para sostener las transformaciones que requiere la sociedad cubana, expuestas en el intenso proceso de debate de los últimos años.
La crisis económica planetaria y las dificultades propias en ese terreno obligan, después de conocer el diagnóstico, a desatar la mayor audacia y creatividad en las propuestas de soluciones. Sustituir importaciones, producir aceleradamente alimentos a escala local, repartir tierras ociosas, invertir para garantizar aspectos vitales de la existencia como el transporte, el agua, la electricidad, reparar hospitales, escuelas, viales, son respuestas, sin dudas, al justo reclamo popular de un mejoramiento en las condiciones de vida cotidiana que a la larga puede incidir en la imprescindible laboriosidad productiva.
Pero todas esas medidas favorables, siguen produciéndose en moldes antiguos, que no toman en cuenta el indispensable renuevo, apostando a que es suficiente el mejoramiento de la vida material para que las contradicciones y conflictos de la sociedad se resuelvan, sin tener en cuenta que los niveles de vida en los países socialistas eran muy superiores a los alcanzados por Cuba y eso no impidió que aquellas sociedades retrocedieran al capitalismo sin oposición popular, incluyendo la Unión Soviética.
Es imprescindible resolver los problemas económicos, pero evidentemente la solución no està en mantener los métodos que ya probaron su inoperancia. Hasta la solidaridad entre cubanos està limitada por el centralismo estatal que asume como suya exclusivamente la responsabilidad ante las catástrofes Después del paso de los ciclones del 2008, miles de cubanos llamaron a los órganos de prensa porque querían ayudar a sus compatriotas que lo habían perdido todo, ese sano espíritu que se mantiene a pesar de los daños morales que se han producido en ciertos sectores de la población, no encontró eco, ni cauce en las organizaciones populares, ni en los sindicatos que parecen no comprender que de esos rasgos de humanismo concreto dependen realmente las virtudes de cualquier esclarecimiento ideológico.
A la entrega de tierras parece habérselo puesto excesivas limitantes para estimular el retorno a un trabajo tan arduo, quizás el temor al enriquecimiento ha influido en ello olvidando que el afán en ese terreno ha conducido a que los mayores enriquecidos sean los corruptos y delincuentes y no los que trabajan realmente y que, por otra parte, existe el recurso legítimo del impuesto por tenencia y por ganancia que debe regular con justeza esos aspectos, con justeza no para desanimar a los interesados.
Tampoco se ha hecho suficiente énfasis en recurrir a las formas cooperativas que deberían ser por naturaleza las privilegiadas en un sistema que parte de la socialización de los medios de producción y de lo que se produce. Entre los cambios estructurales que requiere el país està justamente reorganizar la producción de manera que los que producen se sientan dueños reales de ella, responsables de la productividad y la eficacia, pero también beneficiarios directos y no simples asalariados. Y la traducción a la realidad de ese concepto implica que para que el conductor de ómnibus lo sienta suyo, cuide su instrumento de trabajo y la recaudación, tiene que recibir un por ciento, tiene que sentir que esa actitud suya repercute en su salario, en el mejoramiento de su vida y la de su familia, además de ser reconocido moralmente por sus resultados.
Es un imperativo de la renovación socialista que el estado deje de ser el gran centralizador, juez, parte, programador y ejecutor para ser el regulador, el gran mediador en las contradicciones que siempre van a existir, el defensor de la equidad y la justicia, el que vela por los interese nacionales, la defensa, el orden interior, la educación, la salud, la cultura como representante del pueblo, elegido por el pueblo para esa función.
Un cambio de esa naturaleza requiere de un cambio de concepto que implica la reeducaciòn de todos los que dirigen y de la sociedad toda después de un excesivo paternalismo que ha deformado a los ciudadanos y los métodos de gobierno; y como ocurre con los padres controladores y sobre protectores, un rechazo a la camisa de fuerza en que se convierte el exceso de protección.
Se ha hablado de la supresión de las gratuidades y eso me parece un paso importante para el saneamiento de la economía, pero para que tenga efectividad práctica y moral tiene que funcionar a todas las escalas de la sociedad, desde arriba hasta abajo, como reclaman los ciudadanos. Y no se trata de incurrir en el viejo error del igualitarismo, sino de establecer de manera transparente que toca a cada cual. No tiene ningún significado real que un funcionario gane un salario modesto si las gratificaciones para compensar el sacrificio de su desempeño lo supera con creces. Pero tampoco es bueno para la economía y los buenos oficios de la alabanza que un trabajador vanguardia viva en condiciones precarias, que sus hijos no perciban la utilidad de la virtud de su padre o madre, porque de lo que se trata es dejar bien claro que sòlo el trabajo, los resultados del trabajo pueden producir un mayor bienestar material y esa es una medida ética importantísima.
Entonces eliminar las gratuidades será una medida importante no sòlo para ahora, sino para el futuro, si està vinculada al concepto de que nadie, a ningún nivel, tiene derecho a gastar, ni a vivir por encima de los resultados de su responsabilidad y trabajo, porque ambos, responsabilidad y trabajo tendrán su equivalente en la remuneración que recibe.
Para romper ese círculo vicioso en que por un lado se exige mayor producción y eficiencia y por otros los encargados de lograrla necesitan un mayor estímulo salarial, - cualquiera que sepa algo de economía sabe que no se puede conseguir a capricho-, hay que invertir en dar señales claras de que el que màs trabaja con eficiencia, el que inventó un método de màs rendimiento, él o la, o los que hicieron un descubrimiento beneficioso para todos, tiene derecho a mayor bienestar.
Pero también, el contrato social tiene que ser claro en que tipo de sociedad queremos construir, que entendemos por bienestar, porque a consecuencia de la crisis vivida, de la justificada introducción de las leyes del mercado para airear la economía, de las desigualdades surgidas y de la falta de ejemplo de quienes deberían darlo, han ganado terreno algunos vicios que distan de los valores legitimados por nuestro proyecto sociopolítico. Tendencias consumistas, indisciplina social, vandalismo, diferentes formas de prostituirse, ese asqueroso criterio de que se vale según lo que se tiene y no lo que se es, egoísmos, corrupción, son atisbos preocupantes en una franja de la sociedad que pueden ser circunstanciales si tanto en el plano material, como en el espiritual se transforman las causas que lo generan a partir del entendimiento de que la realidad no es una cosa acabada, sino que està en constante construcción y por eso puede variar en un sentido o en otro.
Si queremos una sociedad que evolucione hacia las mejores y humanas propuestas socialistas, tenemos que pensarla y diseñarla entre todos, para eso es imprescindible asumir que participar no es responder a convocatorias, ni debatir, sino tener el derecho de intervenir en las transformaciones de la realidad sin creer que los que dirigen, por experiencia o buena voluntad, son los únicos poseedores de lo que conviene a la colectividad. No es que los obreros aprueben el plan de producción que ya està previsto, sino que ellos contribuyan a elaborarlo porque la información no será un privilegio de los directivos sino un conocimiento compartido.
Entender que cada cual es poseedor de saberes que pueden ser útiles a la colectividad, que los conocimientos no son un privilegio de los ilustrados, saber escuchar, comprender que las divergencia son parte de la diversidad, fomentar una cultura del diálogo, discernir que el hecho de que alguien no comparte un criterio, una medida, un proceder no significa que esté en contra del proyecto social que nos preocupa y ocupa, tienen que convertirse en recursos para el mejor funcionamiento de la sociedad.
Cuando nos eduquemos sobre esas bases no será un sobresalto que un joven estudiante haga preguntas al presidente de la Asamblea Nacional, ni que un artista haga declaraciones cuestionando la dinámica gubernamental, ni se acudirá a ese burdo método estalinista de censurar alguien, sin contar con su colectivo profesional o laborar, violando las leyes establecidas por la propia Constitución de la República y los principios éticos elementales, ni tendremos que prescindir de músicos valiosísimos porque sus canciones y sus opiniones alarman a alguien que no se alarma por la cantidad de música superficial y vana, sin valores artísticos, que se difunde por los medios estatales, no tendremos màs quinquenios ni decenios grises, ni tantas torpezas de burócratas perseguidores de cualquier nacimiento, como diría el filósofo Silvio Rodríguez.
No hay estructura socialista, ha sentenciado Fray Betto, que produzca por efecto mecánico, personas de índole generosa, abiertas al compartir, si no se adopta una pedagogía capaz de promover permanentemente emulación moral, capaz de hacer del socialismo el nombre político del amor.
El socialismo cubano tiene que hacerse de esa pedagogía. Después de cincuenta años de experiencias, de desaciertos, pero también de aciertos que lo han mantenido como ejemplo de resistencia y han servido para inspirar a millones de desposeídos del planeta es el que està en mejores condiciones de producir las transformaciones socialistas de mayor profundidad que en otros países latinoamericanos enfrascado en el mismo empeño encuentran oposiciones de gran fuerza.
En Cuba la decisoria mayoría apuesta por el socialismo, que ha creado además el capital humano para su mejoramiento. No se puede olvidar que en todas las generaciones surgen líderes, héroes, pensadores, sabios, iluminados, pero hay que darles las oportunidad de hacerse visibles y esa posibilidad la ofrecerá una concepción renovadora de gobierno socialista. A pesar de la complejidad de la situación que no se puede desconocer, las condiciones son propicias para levantar ancla de los esquemas inoperantes y retardadores y navegar con las velas de la inteligencia colectiva desplegadas,






lunes, 11 de enero de 2010

Celia, la inolvidable




Campesina bien cantada
Desde una historia tremenda
Flor en sublime leyenda
De futuro y madrugada
Abeja maravillada
Cuando brindas tu mantel
De abanico, patria y miel
Para la sed del camino...
Luna especial del Turquino
A la altura de Fidel
¿En que llama tu crisol
forjó una rosa mas fuerte
si llega y cruza la muerte
Y tu sigues bajo el sol?
¿Que filtros de tornasol
en tus virtudes consigo
cuando huérfano me digo
callado y meditabundo:
que otra cosa tiene el mundo
para compara contigo.

Raúl Ferrer

Primera Parte:
EL VENDAVAL DE LA MEMORIA.
A galope vienen los recuerdos, como aquellas carreras por la finca San Miguel del Chino, o los aguaceros interminables que hacían crecer el Río Virana en Media Luna, o las tempestades en el mar Caribe avistadas desde el litoral, aquel primer encuentro con Fidel o como latía su corazón acelerado por las furias o las penas. Todo lo ve pasar ella en cada gotita del suero que corre lentamente para entrar a sus venas cuando sabe que el tiempo se le esta achicando y pronto estará a las puertas del misterio insondable que su padre intentó explicar aquel día en Manzanillo.
Ha llegado de Santiago de Cuba agotada después del esfuerzo supremo por mantenerse en pie y sonreír a los viejos compañeros que ha condecorado este 30 de noviembre de 1979. Antes, en octubre, ha acompañado a Fidel a la Asamblea General de Naciones Unidas en Nueva York. Al verla nadie puede imaginar que la amante e indispensable Celia de Fidel Castro està viviendo sus últimos días. Ya no puede ni disfrutar el placer de una taza de café y un cigarro, los presuntos culpables de su deterioro, aunque sonríe cuando se le aparece la niña que fue, organizándolo una huelga a la maestra Cucha Cossio en Media Luna. Y aquella vez que pintaron de verde al caballo del jefe de la policía.

En realidad su añoranza anda por Media Luna donde en el mismo año del nacimiento de su padre en Manzanillo, en l886, los hermanos Tomas, Ricardo, Arturo y Alfredo Beattie Brooks han fundado el Central Isabel a donde irá su progenitor a trabajar como mèdico en l913, luego de casarse con Acacia Manduley Alsina, a quien conoció en el parque de Manzanillo en una de sus vacaciones de estudiante.

A Media Luna la han nombrado así porque el Río Vicana que atravesaba entonces ese barrio rural del tèrmino municipal de Manzanillo, le da esa forma. La casa que el Dr. Sánchez le compra a Modesta Llopis, fue construida en l908 y resultara pequeña para la familia que se agrandaba año tras año con un nuevo nacimiento y será ampliada para acomodar a la prole, la consulta medica y el gabinete dental. Son ocho hermanos Silvia, Graciela, Manuel Enríquez, Celia, Flabia, Griselda, Orlando y Acacia. Una familia para apoyarse.

Pero piensa en Fidel, ella siempre piensa en él, aunque ande por sus días de infancia de Media Luna en este recuento definitivo. Él viene a su memoria con sus grandes dotes de seductor, su remota timidez que al violentarse puede derivar en arranques de ira incontrolada, o susceptibilidad casi infantil cuando los otros no actúan con la lealtad que espera. Celia cree que el se impone ser de un modo para llegar a conseguir lo que quiere, que ha trabajado duro sobre su naturaleza para poder realizar la tremenda empresa en que se ha empeñado. Y lo justifica aunque en ocasiones se sienta incómoda, porque él, tan adusto, tan centrado en sus afanes, no comparta sus bromas, esa necesidad de jugar que ella tiene, ese desenfado que algunos consideran inmadurez y que no es mas que expresión de su espíritu silvestre, de su necesidad de gozar la existencia desde los detalles mas ínfimos, un vestido bonito, la plenitud de un naranjo en plena floración, una fiesta, una broma.

Desde los días fundacionales de la ortodoxia ella tiene noticias de su quehacer al lado de Eduardo Chibàs. Varias veces lo busca sin encontrarlo. Pero se le volvió admirable, como persona que hace lo que dice, por el coraje de atacar el Cuartel Moncada y la expedición del Granma. Luego, se produjo una comunicación inmediata entre ellos desde el primer encuentro en la Sierra Maestra. El tan desconfiado y receloso después de las decepciones primeras en su vida personal, los contratiempos en sus ideales patrióticos y cívicos descubre en la mirada franca y admirativa de ella que puede confiar en esa mujer madura a pesar de la aparente fragilidad física de sus 36 años. En la cercanía ella se percata de muchos elementos de la personalidad de Fidel cercanos a los de un niño voluntarioso que se contraría profundamente cuando los hechos no son inclinados según sus aspiraciones pero que se impone un optimismo que transforma en energía para hacer de lo imposible una certidumbre. Es seis años mayor que él y quizás por eso, a pesar de la fascinación que ejerce sobre ella desde el primer momento, se permite mirarlo desde la altura de su experiencia. En sus sentimientos hacia él hay desvelo y responsabilidad maternal, el sentido de posesión y el celo con que se cuida lo que es muy preciado.

Ella lo ve crecer de líder juvenil, con apenas 30 años cuando el desembarco del Granma, a Comandante en jefe de las fuerzas revolucionarias después de no pocos desacuerdos, y luego a estadista con 33 años. Ella conoce de cerca sus iras y sus decepciones, sus esfuerzos en distintos momentos por conciliar disímiles contradicciones, sus dolores humanos, desde los físicos a los espirituales, será posiblemente quien sepa mas de como funciona el alma de este muchacho que guarda celosamente sus sentimientos más íntimos para que ellos no interfieran la tarea que se ha propuesto y que tiene el ímpetu divino de los predestinados a cambiar los caminos de la historia. Ese proceso lo intuyó desde el momento en que lo encontró entre los bosques umbríos de la Sierra Maestra y se lo sintetizo a su hermana Chela al regreso a Manzanillo diciéndole: ese sí es el hombre para liberar a Cuba y lo expresaba como quien ha hecho al fin el gran hallazgo de la persona que estaba esperando para darle verdadero sentido a su vida.

Melba le ha contado de la obsesión de Fidel por la lucha, de cuando incluso salían a pasear en México, a un cabaret con muchachas y el solo hablaba de Revolución, a pesar de las recriminaciones de Raúl que trataba de entretenerlo, de producirle alguna disipación para que no se angustiara tanto. Una vez lograron convencerlo de que fuera a un cabaret con Melba y Chucho Montanè y dos muchachas mexicanas. Raúl le dijo: Mira, viejo, vamos a distraernos un rato, vamos con dos muchachas, no te pongas a hablar de política, de Revolución, ni de nada, ellas no van a entender de eso. Bueno, pues tan pronto llegaron al salón de fiesta, Fidel empieza a explicarle a su acompañante sobre sus ideas y Raúl dándole con el pie por debajo de la mesa y él seguía en lo suyo. Vamos a bailar, dice Raúl y él sigue con sus explicaciones y así toda la noche.

Al regreso Raúl lo increpó por su conducta y él se enfureció y dijo que estaban en México para hacer la Revolución y no para ir a cabaret, ni paseos ni para divertirse y nunca mas hubo un momento de expansión. A ella no le ha sido fácil seguirlo y complacerlo, aunque desde que le vio sintió que estaba frente a un ser extraordinario y ¡tan hermoso¡. Quizás, como criatura acostumbrada a la grandeza del agreste paisaje, como alpinista vocacional e intuitiva sabia cuan laboriosos esfuerzos requiere la ascensión a las cumbres. Ella ha puesto en practica con él la didáctica del cariño que aprendió en su casa, con su padre, su abuela, sus tías y tíos y sus hermanos desde los años inaugurales en Media Luna.
Sabe que en una familia, por unida que sea, cada miembro tiene sus propias características y muchas veces estas entran en contradicción. ¿ Acaso entre sus propios hermanos no hay diferencias notables? Sobre hombres excepcionales tiene la experiencia con su padre. Un ser afable, pero no alegre como su madre o ella. Muy metido en sus reflexiones, en su aprendizaje constante hasta el punto de ser distraído, como suelen ser los sabios y con una profunda tristeza que soslaya en sus búsquedas constantes por descifrar los misterios de la existencia. Cuando conoce a Fidel sabe que las personas que se salen de lo común viven en otra dimensión y que su grandeza, para bien o para mal, rige todos los actos, los aciertos y los desaciertos. Y ella disfrutará de servir a esos dos hombres, su padre y Fidel, con la certeza de su privilegio al lado de ellos en momentos y circunstancias diferentes pero que van estableciendo una continuidad que de alguna manera resume la historia del país en el Siglo XX.
Han nacido y se han criado en la misma zona geográfica del país, el oriente cubano de bosques y montañas, rebeliones inaugurales y grandes fincas dedicadas al cultivo de caña, café, la explotación de maderas y la ganadería, en esa parte de la cabeza del cocodrilo que representa a Cuba y que entra en el Océano Atlántico, y se aproxima a las otras islas de las llamadas Antillas Mayores con las cuales la comunicación marina es frecuente y establece lazos culturales diferentes al occidente, mas cercano a la gran nación del norte. Hay mas olores y sabores del Caribe en la región oriental, que se expresan en la sensualidad de las canciones trovadorescas y en la cadencia del son, un ritmo que es el crisol de muchos que se escuchan por la región diversa, de Santo Domingo y Haití, a Jamaica y Puerto Rico.
Pero la educación que han recibido estos dos orientales, Celia y Fidel, es completamente diferente. Aunque ambos se relacionan en la infancia con las plenitudes de la vida en los campos, él nace en un hogar que es un típico feudo rural y ella en una casa pueblerina signada por la liberalidad en las costumbres y las creencias. Desde edad temprana él sale de la casa para estudiar y la familia que lo acoge no se caracteriza por la afectividad en el trato que le dispensa. Públicamente hará después ese reproche no en términos emocionales, como seguramente le afectó, sino en términos de equidad y justicia que es su prisma para evaluar. Después vendrán los colegios religiosos y el rigor de los jesuitas a completar su formación. Desde muy joven aparecen los signos del liderazgo, gratificados por la mentalidad machista del entorno. Él tiene todos los atributos del gran varón. Grande, fuerte, blanco, apolíneo, audaz, competitivo, aunque no el espíritu festivo de la región, se parece mas a Alejandro Magno, el guerrero que admira, que al Caribe de bachatas y boleros.
Ella crece bajo la tutela de su padre como un árbol sin los riesgos quirúrgicos de la poda. Pero frágil, menuda, con la tez bronceada por el sol y algún antepasado no blanco puro, quizás. Ha sido golpeada por grandes dolores desde la infancia que él no conocerá hasta la adultez. Dolores que la doblan en ocasiones, sobre los que tendrá que imponer su voluntad hasta desarrollar sus cualidades de arresto y valor que se van mostrando en sus capacidades organizativas y en abierta vocación por quebrar lo establecido que es causa de mas de un comentario suspicaz sobre su feminidad porque no se mide a una mujer por los mismos códigos que a un hombre. Llega a ser de carácter fuerte, impositiva cuando sabe que tiene la razón, independiente, lo cual contraria la imagen tradicional de lo femenino en su época, pero tiene la capacidad de asumir todas las funciones que la historia de la humanidad ha conferido a las mujeres, pero que a ella no le impiden comportarse como una criatura fuera de esos límites. El ha nacido predispuesto para las grandes epopeyas que lo seducen y ella para desentrañar el misterio de la lírica cotidiana, como una florecilla silvestre en el corazón de las montañas. Apegada a esa naturaleza fecunda y luminosa de su región que pondrá brisas caribeñas en los lazos de sus vestidos de niña y vuelos de sus anchas sayas estampadas. La pasión que ponen en lo que se proponen los emparienta, pero no la forma de manifestarla. Por ahí debían andar algunas de las diferencias en sus caracteres cree ella cuando los recuerdos la van conduciendo al terruño natal, aunque no deje de pensar en él y en su padre, los dos seres que han compartido su más grande amor, dos hombres que a su manera y estilos propios aman intensamente a una mujer, Cuba, la patria.
La casa de Media Luna era acogedora y el patio un verdadero paraíso oloroso con su bohío para jugar a ser la mamá que luego fue en la casa amarilla de Pilón con sus pisos rojos teñidos con mangle y aquel jardín que era su obra y su orgullo. Desde el profundo cansancio de estos días finales de 1979 la luminosidad de aquellos lejanos despeja las congojas de esa partida involuntaria que ha comenzado y que de alguna manera la sobrecoge porque es un momento particularmente complicado, que llaman proceso de institucionalización del país y esa palabreja a ella le da el pálpito de que será pérdida de frescura. Por eso vuelve, arrastrada por los paisajes más vitales de su interior a sus hogares de Media Luna y Pilón.
Esas dos casas son un tesoro en su memoria, un trasiego constante de afecto, gentes que entran y salen; la de Media Luna està marcada por la risa de Acacia, su madre, por su parloteo vivaracho con los vecinos, las recomendaciones de remedios para todos los males que competían con las recetas del esposo mèdico, luego por su ausencia que la abuela Irene consuela con cariño y comprensión y aquellos cuentos sobre la guerra de independencia de la que fuera testigo, de cuyos protagonistas fundamentales hablará y escribirá su padre.
Ha nacido y crecido mimada por el amor de los suyos y señalada por dos elementos que serán premonitorio: su padre la ha nombrado Celia Esther de los Desamparados y Celia significa en latín la caída del cielo, alguien designado para ser una persona noble, justa, amante de la naturaleza, con gran fe en la vida y en Dios, cuya llegada al mundo es motivo de gran felicidad para los suyos. Así será con esa familia extendida por toda la comarca. Las viejas Sánchez, como las llamaban, en la finca San Miguel del Chino, abuela y tías paternas que acogían en las vacaciones de caballos y ríos. Buena parte de la parentela Manduley en Manzanillo, para la adolescencia de escuelas y fiestas.
Y el mar siempre merodeándola con las olas del Golfo de Guacanayabo. Tranquilo a veces, tormentoso otras, amenazando el barco en el que iba a las clases de piano con Flabia, o las ciudades cercanas, fascinada siempre por su inmensidad aun cuando truenos y relámpagos asustaban a los otros pasajeros. Desde pequeña esa será una característica notable. No tener miedo, lo que la llevará a atreverse, desafiar riesgos, a protagonizar acciones que los conservadores llaman locuras y que para ella son el disfrute, la posibilidad de transgredir moldes a los que no se ajusta porque le cercenan la libertad que necesita. Tal vez por eso le cuesta trabajo adaptarse a los esquemas de las escuelas primero y a los requerimientos formales de la vida pública cuando forma parte del gobierno.

sábado, 12 de diciembre de 2009

La casa en los ojos




Desde los castaños floridos
de la avenue Bosquet
vienen los flamboyanes
de la avenida habanera
Entre las flores blancas
y las hojas que desaparecen
cada invierno parisino
del castaño
y las flores rojas y las
Hojas que regresan a los
flamboyanes cada verano
cruzàronse los sueños
y las nostalgias recíprocas
Se unen en la noche
las corrientes distintas
del Almendares exiguo
y el Sena vigoroso
En la proximidad de las aguas
el eterno revolotear de los gorriones
Y el silencio mismo
que viene de mi pueblo llano
cuando los ciclistas
reposan sus caballos de rueda
y los carretones deshacen el yugo
de los caballos de herraduras
para que sólo se oigan
las escaramuzas del viento
en las palmeras y las ceibas
extiendan su mirada en el parque
Y así va revelándose
otro paisaje menos monótono
en la avenue Bosquet
de flamboyanes y ciclistas
caballos y palmeras
Una geografía desquiciada
que sobresalta el tedio del vecino
y divierte la certeza
de tener la casa definitiva
En los ojos

domingo, 22 de noviembre de 2009

El único accidente nombrable




La tierra da una vuelta y otra más,
los días pasan, os empujo sin piedad
como si no fueran a acabarse, como un don
propio, particular, de gran sacerdotisa
descubridora al fin de los días del vivir
los de esperar alguna cosa buena
un simple gesto de interés, un canto,
la punta fina de una locura nueva
ese aìre tenso y dulcede cualquier comienzo
los días diferentes del pasar
ese tiempo que transcurre sin sentido
predecesor tan solo de sucesos venideros.

La tierra gira siempre y apenas te percatas
si se produce el único accidente nombrable
más que el éxito o el poder, gemelos desiguales,
es el amor quien establece los horarios
el que funda las estaciones pavorosas
de vivir o pasar

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Epístola III



Fragmento novela Las dudas del fuego. Editorial Índigo, Paris, 2001

Querida amiga múltiple (no me voy a romper la cabeza tratando de recordar la extensión de tu nombradía) . Tu carta de respuesta tiene la coherencia aparente de una persona cuerda, como diría Ina, pero en su esencia es totalmente disparatada, como en los buenos tiempos en que nos reuníamos y formábamos el Círculo de la esperanza. Nunca entendí por que suprimiste aquellas buenas sesiones mayéuticas, espiritistas, espirituales. Es cierto que en El Vedado no hubieran tenido el mismo sabor de Calzada del Cerro, entre Patria y Sarabia, pero hubieran tenido otro encanto de haberlas celebrado en tu terraza de 23 e I mirando el mar y los vaivenes de la Rampa. Pensé que la entrada triunfal al Partido, a pesar de la oposición que hicieron los enemigos, no de clase, sino, llamémosle, de tu creativisima fantasía y de tu fantástica honestidad, te había llevado a hacer votos de obedecencia; pero tu carta me ha devuelto la tranquilidad. Si es el Período especial el causante de que vuelvas a ser la que fuiste, le daré vivas y soportaré las penurias con mayor resignación. O quizás ocurra que te tomó tiempo digerir el cataclismo y al fin ya lo trascendiste. Volverás a escribir entonces. No tengo que consultar a ningún oráculo para saberlo. Esa investigación sobre los cambios operados en la vida de las gentes por el Período especial me huele a que has vuelto a encaramarte en el carrusel de la literatura. Espero que ahora, que parece haber llegado el tiempo de las flexibilidades infinitas, ningún extremista te haga acusaciones injustas y dañinas. Mira todo lo que hemos tenido que pasar para volver al punto de partida. Las putas y los putos en cada puerta de hotel para extranjeros, los gusanos que se fueron manteniendo a la familia que quedó en Cuba, otra vez los anuncios en inglés y nuevamente una revolución se nos fue a bolina, como dijo Raúl Roa de la del 30. ¿Acaso el destino de la isla es ése? ¿Es que el vaticinio del ilustre José Antonio Saco se cumplirá inexorablemente? O peor, el de la fruta madura. ¿Cómo quieres que me sienta? A mí no me visitan extraterrestres, ni hablo con los muertos, ni con los orishas. La realidad me agrede a cada hora, mientras mis mejores sueños se desangran apuñaleados por una traición. ¿Quién es el traidor? Eso es lo que busco. ¿Qué pasó en este mundo? ¿Quién alentó el maleficio planetario? Para esto murió mi padre en el Escambray, en la lucha contra bandidos, y el padre de mi hijo en Angola. ¿Dónde está la verdad? ¿Quién la tiene? Mientras nosotros pasábamos escaseces y sacrificios en pos de un sueño, el mundo seguía siendo el mismo. ¿Quiénes estábamos equivocados Los que se fueron para Miami y ahora tienen comida, jabón y desodorante mientras nosotros nos debatimos en la indigencia. Trato de pintar para salvarme de la locura y la desesperación . Y ¿qué me sale? Además de barbas, el mar tormentoso, volcanes en erupción, monstruos. Puro realismo socialista. Mejor no sigo. Me doy cuenta que destilo amargura y ese no es mi mejor estilo. En momentos así, no puedo complacer tu sugerencia de sembrar frutales porque saldrían ácidos y perderían la magia del dulzor que los hace paradisíacos. ¿Es por ahí por donde anda tu profecía? ¿Es algún mensaje del extraterrestre o de los orishas? Cuando leí tu carta me hizo mucha gracia lo de la metamorfosis, pero no pensaste en las jineteras. Son más jóvenes que nosotras, así que no hay margen ni para la competencia. ¿Ves que vuelvo una y otra vez a lo mismo? Estoy encasquillada. Como único me recobro de eso es recordando nuestros años felices. Vuelvo a reir, como si acabara de suceder, con aquella insólita caída de Ernesto en su primera visita. Lo tumbaste con los ojos. Eran los días que te estabas entrenando en la telequinesia. Nosotras caminábamos aguantándonos de las paredes para no darte el gusto de que nos vieras rodando por el piso. Ya era bastante soportar ser tus conejillos de India con lo de la telepatía. Cada vez que te llamábamos o aparecíamos soportábamos tu satisfacción. Ahora mismo las estaba llamando con el pensamiento, decías gozosa. Nosotras nos pusimos de acuerdo para castigarte y desaparecimos setenta y dos horas. Enfermaste o llevaste tan lejos tu juego que tuvimos que ir a rescatarte al Hospital Calixto García, donde parecías una azucena desfallecida con suero y todo puesto. Ernesto si cayo en la trampa completamente. Al principio te tenia miedo, pero luego parece que lo perdió porque ya ves lo que hizo al final. Todavía él se defiende alegando que tú lo abandonaste por la puñetera novela. Ellos siempre tan débiles. Nunca volvimos a hablar de eso, fue un pacto tácito de todas, pero ahora que han pasado trece años, quisiera saber qué piensas tu. Es cierto que nos cayó el Armagedón. Una verdadera cadena de sucesos aciagos. Explotó con tu novela. Vino luego tu divorcio, la permuta de la casona de Calzada del Cerro, la permuta mía para darle una casa a Fernandito. Disuelto el Círculo de la esperanza. Y detrás, como si lo nuestro solo fuera el preludio, la Embajada de Perú llena de gentes y el éxodo masivo por el Mariel. ¿Qué fue todo aquello? Un aviso de que terminaba el periodo rosa de la Revolución. Ya nunca volvimos a ser los mismos. Se fue a la puñeta el desprendimiento de los días iniciales y nuestra delirante existencia de universitarias y recién estrenadas trabajadoras se fue con los 70. Esa fue una década bien jodida para todas, menos para nosotras que teníamos tu magia y nos hicimos cómplices de ella con el arrebato que sólo se padece en los años juveniles. Cuando pienso en estos más de treinta años transcurridos me desconcierto. Nos pasamos el tiempo haciéndonos preguntas y las respuestas llegan ahora. Respuestas no, preguntas, decenas de preguntas que no tienen respuesta porque en el fondo una pregunta gigante nos envuelve a todos:¿A dónde vamos a ir a parar?

miércoles, 21 de octubre de 2009

Las dudas del fuego (fragmento)



Epístola II

Querida Elsie : Tu mala costumbre de no ponerle fechas a las cartas le ha restado un dato interesante a mi investigación sobre los cambios que esta operando el Periodo especial en la vida de la isla y los isleños. Me seria muy útil saber cuánto ha demorado una carta entre Alamar y Santa Fe, entre los extremos este y oeste, distantes de unos 30 kilómetros, en Ciudad de La Habana. Pero me pareció una originalidad estimulante que me escribieras. Es un signo de las regresiones a que obliga esta salación. Así es como lo denomina mi vecina Fernanda, la que no quiere que su marido Bonifacio me mire. Quizás a la isla le hacía falta este calvario por un tiempo para darse cuenta de todo lo abandonado que debe ser recuperado, deshacerse de todo lo que había adquirido y no era suyo, y poder detenerse en la encrucijada de los tiempos, retomar su camino verdadero y arrastrar al mundo en esa corriente. Un extraterrestre que me enamora, gemelo idéntico de Ernesto por cierto y que parece haber guiado al autor del libro La tercera ola, me ha estado anunciando sucesos imprevistos, como el de tu carta. El dice que es más hermoso y de mejor entrenamiento para las neuronas escribir un mensaje que ponerse a hablar por teléfono. No, no es que niegue la necesidad y la utilidad de la tecnología. Es otro asunto mucho más interesante. Explica que los terrícolas enloquecieron con el desarrollo tecnológico y fueron perdiendo habilidades y sensibilidad, saliéndose así de la trama de la armonía programada para nuestra galaxia y en particular para el planeta que habitamos. El dice que el universo esta formado por infinitos programas en una computadora gigantesca, pero no es una máquina fría y repetidora, es la Fuerza cósmica que creo en un estadio superior la Inteligencia cósmica. Todo estaba diseñado para que la vida evolucionara amablemente en la Tierra, pero algo se descontroló desde el comienzo mismo de la humanidad, porque los habitantes de este planeta amable han tenido poco desarrollo a partir de esa peregrina idea, desde las mismas cavernas, de que unos son mejores que otros y los más fuertes tienen que abusar de los débiles. Cuando llegó a ese punto alegué que dudaba, que el programa trazado para la armonía no me parecía teóricamente convincente porque la especie humana se parecía bastante en su comportamiento a la conducta de la escala biológica, según la cual, para vivir, los unos se comen a los otros, los más grandes a los más chiquitos, con el único atenuante de que entre los animales de las otras especies el ritmo del banquete no pone en crisis el equilibrio ecológico. Es decir las lagartijas no se comen a todas las moscas. Siempre hay suficientes de unas y suficientes de otras. Al poner ese ejemplo me sorprendió el extraterrestre, pues no me imaginé que otras culturas del espacio acudieran a vocablos comunes en la Tierra. El, muy serio, como si dijera el mejor acerto filosófico acotó: ¿No has pensado que las moscas no se acaban por la cantidad de mierda que producen los seres humanos? No es despreciable el argumento. Pero, si se acabaran las moscas, ¿qué comerían las lagartijas? Dejamos la solución de esos dos prolegómenos pendiente y yo seguí arguyendo mi teoría biológica del desastre, sin renunciar a mí concepción inicial de que estamos hechos de los mismos ingredientes de las estrellas, sólo que habría que ver en qué proporciones para que ellas den luz aún después de muertas y a los humanos les cueste tanto brillar más allá de las necesidades animales. Esas discusiones comenzaron desde que me mudé para Santa Fe, para que nuestros encuentros cercanos fueran menos sospechosos y sus posibilidades de aterrizaje mas seguras. El pertenece a una civilización marina. ¿Te imaginas una bola azul de agua de mar en el espacio? Por eso le es más fácil amarizar, poner a funcionar sus mecanismos de adaptabilidad y luego nadar por el aire hasta mi balcón. En el Vedado eso era mucho más difícil. Para llegar hasta mi apartamento en 23 e I tenía que atravesar, desde Malecón, toda La Rampa, con el riesgo de que los policías lo confundieran con algún objeto no identificado que enviaba el enemigo o que los merolicos quisieran capturarlo, porque usa un vestuario confeccionado con hilos de oro, plata, esmeraldas, rubíes, y cuanta piedra hay en este universo, sólo que en su mundo, esa no es ropa de reyes ni nada por el estilo, son lo que son, piedras hermosas a los ojos, sin otro valor. Porque ¡oh! civilización feliz, carece de mercado. Nuestro primer encuentro fue una madrugada en el Malecón. Pensé que Yemayá me devolvía a Ernesto cuando lo vi, pero pronto me percaté que no era un ser de este planeta. El problema que se presentó para nuestra comunicación era el escenario, porque con alguien que puede resultar estrafalario, casi extranjero, corría el riesgo de que me confundieran con una jinetera y, por otro lado, sabes que a mí me gusta conversar con los amigos en mi casa. En Santa Fe todo es más sencillo, aunque, claro, al generalizarse los apagones le tuve que recomendar cubrirse la brillantez y entonces él acude a la encantadora costumbre de los disfraces mientras reproduce las metamorfosis de su especie. Delfín en el mar, gaviota en el aire y finalmente Ernesto en mi balcón, sin taras ni prejuicios. Me extraño mucho que llamaras extremista a Ernesto en tu carta. Cuando las personas actúan con sinceridad, aunque estén equivocadas, no son extremistas. Tú y las restantes miembros de nuestro desintegrado Círculo de la esperanza, lo juzgan tan severamente porque les rompió un ideal, pero los sucesos de la vida no son gratuitos, ocurren porque tienen que ocurrir, para desatar otros en esa trama que no cesa. Tan difícil de comprender porque requiere de un esfuerzo que nuestra especie no hace. ¿Cuándo lo viste? ¿Preguntó por mí? No lo busco, ni lo he buscado porque sé que vamos a encontrarnos. No alcanzo a comprender por qué Ina se asustó tanto por mis palabras. ¿Ves lo que te decía de la trama infinita? Quizás sucedió para que ella conociera a ese camionero que va a cambiar su existencia. Pero lo que más me ha preocupado de tu carta es esa mordacidad para hablar de lo que está pasando en este agosto del año II del Período especial. ¿Te estarás poniendo vieja? Ahora sé que la vejez no llega con las canas, las arrugas, el tiempo en el que una transcurre, sino cuando se deja de creer en la belleza y verdad de la esperanza. Yo sé que todo se compra en la Bolsa negra. Pero dudo que sus mercaderes puedan entrar algún día en el reino de la felicidad, por mucho dinero que acumulen, porque comercian con los despojos de un sueño y de los despojos de los sueños deben salir otros sueños que trasciendan la tiranía de la pobreza espiritual en la que con tanta facilidad se hunden los terrícolas. Sé por qué te salen esas cosas cuando pintas. Es la lucha desesperada entre el amor y la injustificada decepción que has dejado penetrar en tí. Sin esas locuras no hubiésemos tenido sueños, ni esperanza. Preciso es librarte de tal maleficio. Te rectifico mi nombradía: Regla Caridad Bárbara Lázara de las Mercedes Atocha Sol, pero en realidad el orden de los factores no altera el producto. Creo que es el único principio matemático que me sé. En cuanto a mi presunta locura prefiero que los demás se rompan la cabeza dilucidándola. De todas formas, delante de tu edificio hay suficiente tierra para plantar unos cuantos árboles frutales...