sábado, 2 de agosto de 2008


। Ella había comprendido finalmente a los bígamos en París. Porque amaba París, todo lo que no tenía brillo pero sí esplendor, sin que menguara un ápice su devoción por La Habana. Era una posición muy incómoda. A ahorcajadas sobre el Atlántico. Conmovida por lo que de monumento de civilización tenía la ciudad luz, entristecida tras confirmar que el progreso espiritual de la especie carecía de nexos con su desarrollo tecnológico. Acosada por los fantasmas de sus amores y de tantos días y paisajes que no volverían la sorprendió la llegada de Camacho.

miércoles, 30 de julio de 2008

La probable eternidad de Catuca




Fragmento
¡Al fin había organizado algunas ideas! Se ufanaba Catuca, cuando las primeras sombras la obligaban a guardar su block de notas en el bolsillo de su blanco batòn de opal. Se dispuso a gozar de la entrada de la noche en la granja. Los que vivían en las ciudades se perdían ese espectáculo cada día, aunque les quedaba el concierto de los gorriones, esos citadinos de cualquier latitud geográfica sobrevivientes al plan de aniquilación en China, a las lluvias y nevadas de Paris y al calor agobiante de cualquier ciudad cubana. Entre las ultimas claridades y las primeras sombras se producía una quietud que apresuraba el acomodo de los animales y las plantas para la noche. Las aves del corral y los pájaros chillaban sus últimos decires antes de acomodarse en el follaje de los árboles, las vacas mugían llamando a sus terneros, los carneros y los chivos berreaban mientras los perros les ladraban para que entraran a los sitios de abrigo y los guineos irredentos cantaban y cantaban con el entusiasmo de quien burla las normas de la domesticación.
Todo era ruido en medio del silencio que avanzaba como un aliento del infinito incorporador de las estrellas y la petulancia de los olores, apenas perceptibles a la luz plena. Un aliento húmedo y fresco a la vez, como una túnica que fuera cubriéndolo todo y sirviera de campana de resonancia a los sonidos en el aire. Se podía escuchar entonces el murmullo del batey como si quisiera comunicar secretos indistinguibles, el ulular de la sirena del tren lejano, la marca en el viento de algún auto de tránsito por la distante Carretera Central. Una extraña sensación de lejanía y cercanía a los misterios de la existencia porque la noche en el trópico tenia el don de hacer visible, sentible, las sutilezas que la insolencia de la luz opacaba.
Catuca bendijo a su bisabuelo Narciso Jacinto por habérsele ocurrido edificar La Maison en aquel sitio y a sí misma por decidir quedarse allí al amparo de la intemperie que los citadinos sufren cuando están en la plenitud del campo abierto. En aquella hora indefinida entre luces y sombras gozaba del esplendor del claroscuro. Entonces apareció la pregunta impertinente. ¿ Por que apareció esta diversidad, esta riqueza, esta armonía entre las desproporciones? De la pulga al elefante, de la flor silvestre a la magnolia, de la miniatura a los grandes objetos siderales, únicamente el ser humano parecía poder percatarse del gran jolgorio del universo como razón mayor para temer su muerte. ¿Para què todo aquel jaleo magnífico? ¿ Cuál era el sentido más íntimo del derroche de formas, colores, olores, complejísimos sistemas gravitacionales o respiratorios?
¡Que! difícil era el porque sí como respuesta¡ ¡Y cuanto desentendimiento había traído a la especie el empeño en racionalizar el azar!


domingo, 27 de julio de 2008

TRIBULACIONES COMUNICATIVAS DE DIOS




Era uno de esos días en que Dios se ponía nervioso porque no encontraba el modo de comunicarse con la Tierra.

Los terrícolas estaban totalmente entretenidos, absortos, en el más reciente invento demoníaco: el ordenador, una máquina que reproducía los más complejos mecanismos del cerebro humano y que devolvía incluso la capacidad perdida de establecer contacto entre ellos desde los más disímiles puntos del planeta, una suerte de telepatía global sin que mediara ningún esfuerzo espiritual, ninguna energía mística, con simplemente presionar un teclado se podía atravesar el mundo conocido navegando por redes que conducían a cualquier sitio.

Dios estaba como que de vacaciones permanentes desde que el Papa Juan Pablo II había situado el infierno en la Tierra, convencido de que si quería ser consecuente con las exigencias para la entrada al paraíso no estaría muy ocupado.

¿Qué hacer para volver a sentirse laborioso? Se preguntaba Dios mientras recorría a grandes zancadas el infinito. Pensaba y pensaba, esperando una iluminación que le permitiera decidir lo correcto.

Finalmente comprendió que no le quedaba otra alternativa, si quería ser tenido en cuenta. Se conectó a INTERNET.

jueves, 24 de julio de 2008



Me ha traicionado la esperanza
Esperpéntica coqueta
Siempre empeñada en sazonar
La desazón con colores ambiguos
Artesana conspicua de todo lo roto
Cociendo a su antojo lo incierto
Confundidora irremediable
Y necesaria en la ciénega
Donde los troncos confunde
Y las raíces pierden su mítica firmeza
En componenda con las aguas
Enlodadas y los peces sucios
Ah... esa prostituta vocacional
Debí espantarla después
De la última sequía
Cuando los cauces murieron
Abandonados por los holgazanes
Muchas fueron las oportunidades
De echarla desde que el coro
Se deshizo y monocorde fue
El tono y el canto
Pero insistió, siempre insiste
Esgrimiendo recursos fu turísticos
Racimos de salmos melodiosos
Mañana, comenzar, confianza
Puentes y puertas seductores
Hasta que el golpe afinca
Traicionero.
Me ha traicionado la esperanza
Pero no tengo alternativas
La perdono.

SOS TIERRA: LAS NOSTALGIAS Y TENTACIONES DEL ESTÎO




LAS NOSTALGIAS

Desde los días de infancia el verano es sobre todo tiempo del esplendor de los flamboyanes. Cuando en los alrededores de la escuela primaria Sierra Maestra, de Florida, empezaban a llamear sus flores bermellón era el anuncio grato de que se acercaban las vacaciones. Entonces no habìa planes vacacionales y programaciones de verano, pero tampoco tanto calor o quizás el calor no se tomaba en cuenta con los baños en el Río Lázaro y su vieja represa, próximos a la casa de los abuelos y su arboleda protectora, única sobreviviente por obra de no se sabe cuál milagro en medios de los avatares del campo cubano en los màs recientes cincuenta años.
Un mar verde de cañas, interrumpido por grúas y bateyes, árboles frutales y la línea del ferrocarril que comunicaba a aquellas tierras del norte de la llanura camagüeyana entre Ciego de Avila y Florida, a màs de quinientos kilómetros de la capital, con toda la provincia, y que le daban a las vacaciones el aderezo de las excursiones en la chispa de la reparación o el motor, según las distancias, a los cercanos caseríos de Adela, María Lola, o a la lejana Velazco pasando por el batey de Río Lázaro y otros muchos existentes en el itinerario que aproximaba al mar.
Hasta los juegos, las pesquerías, los paseos, llegaban las preocupaciones de los adultos con la Guardia Rural, los desalojos de campesinos, los niños que morían sin poder llegar al hospital, las parturientas que no sobrevivían al parto como tía Brígida, la mala paga por las cañas llevadas al Central Estrella, donde primero vi una premonitoria Torre Eiffel, porque el administrador era de origen francés, decían.
A causa de decisiones que no compartí, aunque comprendo que formaron parte de las presiones del llamado Período Especial en tiempo de paz, el Central Estrella, luego República Dominicana desapareció como otros en el país y no puedo dilucidar a quien de los pocos visionarios funcionarios locales o nacionales se le ocurrió quitar la línea del ferrocarril que se usaba para transportar la caña, pero también a los lugareños, en buena parte de esa comarca prácticamente deshabitada ahora, privándome en lo personal de aquellos recorridos en el lento motor de pasaje o en la locomotora que trasladaba los carros de caña o la aventura de subirse encima de las cañas hasta el próximo chucho con permiso del maquinista y contribuyendo, una vez màs al éxodo de los campesinos y obreros agrícolas que quedan en la zona, donde también el terraplén se ha desdibujado asaltado por huecos y marabú.
Mucho, pero mucho antes de ese panorama desolador post crisis de los 90, hubo otras vacaciones gratísimas, llenas del misterio de escuchar a Radio Rebelde a escondidas, de jugar a la guerra entres barbudos y casquitos y otras esperanzadoras con nuevas escuelas en la zona, alfabetizadores, trabajadores voluntarios que venían a hacer la zafra, primos que se iban a estudiar a un lugar inimaginable con nieve llamado Moscù, otros que se iban a las escuelas de milicias en Camaguey o a subir cinco veces el Pico Turquino, el màs alto de Cuba, desde donde mira Martì gracias a la gestión del doctor Sánchez Manduley y de su hija Celia.
Y la numerosa familia fue pasando las fronteras locales, expandiéndose al país y al mundo y quedándose en otros sitios porque las estrenadas oportunidades eran casi ilimitadas pero el terruño nido se fue quedando vacío, como ocurrió en todo el territorio cubano hasta llegar a ese 75 por ciento de la población que se volvió citadino mientras sòlo un 25 por ciento vive en zonas rurales, mientras mi padre ingenuamente preguntaba ¿quién va a trabajar la tierra si todos serán artistas, deportistas, ingenieros, arquitectos, científicos?
La nostalgia veraniega se ha desatado después de escuchar el reciente discurso de Raúl Castro ante el Parlamento Cubano, el viernes 11 de julio del 2008, que ha llamado literalmente a volver a poner el corazón y los pies en la tierra y sentirme tentada ante la amplia información del esfuerzo que se realiza en el país para que, a pesar de limitaciones y obstáculos, de la crisis mundial, de la subida del petróleo y los alimentos, el verano sea una estación memorable.